
En este 2026 la inteligencia artificial es ya una realidad que atraviesa decisiones, modelos de negocio y formas de liderazgo. Para mí, entender el impacto de la IA no es una cuestión técnica, sino estratégica. Puesto que experimento en mi día una nueva forma de trabajar, con una capacidad potenciada para analizar y tomar decisiones, así como para crear valor en un entorno cada vez más complejo.
El liderazgo en la era de la IA también implica adoptarla de un modo estratégico, con el propósito de incrementar nuestras propias capacidades.
En mi experiencia, la inteligencia artificial se ha convertido en una aliada clave, que amplifica mi capacidad de análisis. Capacidad amplificada con la que es posible comprender con mayor claridad y profundidad, así como acelerar procesos de toma de decisiones. El verdadero valor de la IA está en cómo potencia el juicio humano.
Así por ejemplo, cuando preparo una propuesta comercial para un cliente, utilizo la IA para construir argumentación clave: qué problema resolvemos, qué valor generamos y por qué nuestra solución es la más adecuada. Luego, profundizo en el análisis para cuestionar supuestos, evaluar escenarios (conservador, base y ambicioso), identificar riesgos y objeciones posibles.
Creatividad en tiempos de IA
Contrario a lo que muchos temimos que sucedería con el gran auge de la IA en los últimos años, la creatividad humana no se ha limitado sino que más bien se ha potenciado. Hoy utilizo la IA como un espacio de exploración estratégica, no como un molde que estandariza ideas.
La creatividad, desde mi perspectiva, está en la capacidad de hacer mejores preguntas, abrir nuevas posibilidades y elegir con intención. Yo uso la IA como un “espacio de ensayo”: me ayuda a explorar distintos caminos, a ver alternativas que no había considerado y a poner en palabras ideas que estaban en borrador. Pero la decisión final sigue siendo humana.
Así por ejemplo, al explorar las opciones para un nuevo producto o servicio, con mi equipo utilizamos la IA para analizar tendencias de mercado. Luego, las incorporamos en sesiones de brainstorming (lluvia de ideas) y analizamos variantes, enfoques distintos y combinaciones inesperadas, que disparen nuevas conversaciones. Buscamos evaluar escenarios y anticipar objeciones, de modo que la creatividad se potencie y se traduzca en decisiones sólidas.
Considero que el verdadero desafío del liderazgo en el 2026 no es tecnológico, sino profundamente humano. Elijo liderar utilizando la IA como una herramienta para crear impacto positivo, construir soluciones sostenibles y tomar decisiones más conscientes.
En un mundo impulsado por algoritmos, sigo creyendo que la mayor ventaja competitiva es humana. Pensar con claridad, decidir con ética y liderar con propósito es lo que marca la diferencia.
La inteligencia artificial es poderosa. Pero el liderazgo verdadero comienza cuando sabemos para qué y cómo utilizarla.